Soy Mauri.

La idea de viajar siempre había estado dando vueltas en mi cabeza. Creo que viajar nos permite abrir la mente, dejar de lado las diferencias culturales y rejuvenecernos; también despierta la creatividad, el entusiasmo y nos permite crecer en experiencias, en solidaridad, en igualdad, en tolerancia, en justicia y equidad.

Escuché por ahí que viajar te da alas, te permite volar, y creo fervientemente que es así. Después de un viaje nunca serás el mismo, hay que darse la oportunidad de viajar y descubrir un sinfín de historias y lugares dispersos por el mundo entero, te cambiará la visión.

Debemos invertir un poco más en estas cosas, acumular riquezas en el alma, eso nos dará mayor satisfacción y a su vez eliminará problemas y enfermedades relacionados con la rutina y la vorágine del mismo sistema.

 

Quizá mi historia de vida sea aburrida para el lector, pero todo acontecimiento lo tomo como aprendizaje. Soy Mauricio, tengo 36 años, y desde los 13 me ha tocado vivir lejos de mi familia, y en lugares muy distintos. Constantemente he tenido que ir conociendo nuevos amigos y nuevos entornos en los cuales desenvolverme.

Es así que luego de casarme con Mica, confluimos en la idea de vivir viajando. Para muchos fue y es una locura, pero sabemos que también es el sueño de tantos otros. Es muy difícil poder lanzarse a esto, y más aún, así como lo hacemos nosotros: sin presupuesto, teniendo la responsabilidad de cada día trabajar para cubrir nuestras necesidades básicas, sin planes fijos, solo la premisa de que pase lo que tenga que pasar.

Por mucho tiempo hemos estado en un sistema, en una sociedad que tiene aspiraciones preestablecidas e “ideales”, despreciando al que quiere tomar otros rumbos o intentar algo diferente. Lograr la felicidad a través de una buena casa, un buen auto, un trabajo estable, sinceramente eso me frustra, no es lo que pretendo.

Yo tenía miedo, me costó mucho poder tomar la decisión, es complejo romper las estructuras que traigo arraigadas de una sociedad conservadora y poco audaz. Mi esposa ha sido fundamental en esta decisión, ella ya tenía las ideas mucho más claras y una visión de futuro muy distinto al que tenía yo. Las experiencias de vida me fueron formando o deformando. Cambiar algunas cosas de mi personalidad han requerido mucho tiempo y aún estoy en proceso. Lo importante es darse la oportunidad de hacer algo distinto, patear el tablero, aventurarse a lo desconocido, arriesgar, dejar de lado el miedo al fracaso, hacer oído sordo a esas voces que constantemente no suman, enfocarnos en nosotros.

Salir de la zona de confort y de “estabilidad” es un proceso bastante particular. Una vez que logramos decidirnos por este estilo de vida, había que poner una fecha, porque si no lo hacés, nunca estarás listo. Después de charlar/debatir un tiempo, logramos establecer una que no fue cualquiera, fue y es significativa, 11 de noviembre de 2017, cumplíamos 10 años juntos. Pero no siempre las cosas salen como uno las planea, hay que estar preparados para cuando estas cosas pasan. Unos meses antes, mi madre se tuvo que operar de unos tumores cancerígenos y todo lo planeado empezó a entrar en un terreno de incertidumbre, sabíamos que esto era un proceso largo y de mucha unión familiar. Nos dispusimos a esperar y a apoyar en todo lo necesario, dejando un poco de lado nuestros proyectos personales. Lamentablemente todo se complicó por demás, tanto es así que mi madre falleció justamente el 11 de noviembre del 2017.

Luego de todo lo acontecido, y de un tiempo de duelo, establecimos una nueva fecha: el 4 de agosto del 2018. Esta vez no era una fecha especial sino una cualquiera elegida al azar. Salimos el sábado 4 de agosto a las 12 del mediodía desde la plaza del pueblo, con un puñado de amigos y familiares y con un nudo en el pecho que era mezcla de miedo, tristeza y alegría. Era dejar la vida pasada, con todo lo bueno y lo malo, era desprenderse de mucho, y no era fácil, pero era la oportunidad de cumplir el sueño nómade que teníamos, aunque para ser sinceros, no sabíamos muy bien lo que estábamos haciendo, solo dimos el primer paso y estábamos seguros de que el camino nos iba a mostrar dónde pisar, y cómo hacerlo.

Hoy, con más de dos años de experiencia viviendo en un auto pequeño, y luego de haber visitado Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay, estoy convencido de que fue la decisión correcta, porque es algo que cambió definitivamente, para bien, el rumbo de mi vida.

Creo que los sueños están para cumplirlos y que debemos trabajar para que se hagan realidad. Nadie más que uno mismo es el protagonista de su propia vida, por eso tenemos que enfocarnos. Tenemos virtudes y capacidades para desarrollarnos y adaptarnos a cualquier contexto, solo tenemos que hacerlo, aunque tengamos miedo.

No perdamos más tiempo haciendo lo que no nos gusta, vivamos haciendo lo que amamos, porque solo de esta manera nos sentiremos totalmente realizados y felices.

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